Museo Contisuyo
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EL CONDE DE ALASTAYA
PUBLICACIONES 01-01-2011
La fachada de la casa del Conde de Alastaya

Antonio Oquiche Hernani
Museo Contisuyo

A fines del siglo XVI y principios del siglo XVII, Moquegua se vio envuelta en un verdadero auge económico por la calidad de sus aguardientes que eran producidos y vendidos principalmente a la Mina de Potosí. A esta bonanza comercial se sumó Arequipa, Ica y Tacna  alcanzando un desarrollo notable y mucho más cuando se fueron incrementando los centros de obrajes, a costa del decrecimiento poblacional indígena.

Como resultado de este desarrollo económico se dieron las reivindicaciones criollas. Pues bien, ante este gran conflicto colonial, entre los deseos de criollos emergentes y los representantes de la Corona Española, fue el propio virrey, el marqués Montesclaros quien evidencia, mediante sus actos favorecer a los criollos sobre todo a los referidos en sus reivindicaciones económicas. Existieron actitudes muy firmes dentro de los mismos criollos que denotaron una posición distante con los peninsulares, esto se evidencia en la conversación vertida  entre el rico minero de Laycacota, don Gaspar Salcedo con el moqueguano Diego Trejo, el primero dice: " Sólo los criollos debemos tener la comodidad y no los españoles, que están en nuestra tierra" (1)

Uno de estos criollos prominentes fue don Ignacio Nieto y Roa quien perteneció a distinguidas familias moqueguanas y de holgada posición económica, hijo de don Francisco Nieto y Peñaloza y de doña María Roa y Carvajal. Don Ignacio por su línea materna  se ve influenciado en continuar la carrera  militar familiar, en 1775 logra ser capitán de caballería. Su inquietud por la administración local se ve reconocida cuando en 1760 obtiene la vara de regidor perpetuo del cabildo de Moquegua y en 1769 es elegido alcalde ordinario.
Su fortuna, los cargos y principalmente el linaje de sus antecesores lo motiva a viajar a la Corte de Madrid, donde se le envistió con el Hábito de Caballero de la Orden Militar de Calatrava, una alta distinción  para un criollo. Previa presentación de 160,000 pesos reales a la Tesorería General de Madrid se le otorgó el Título de Conde de Alastaya por medio del expediente real firmado por su Majestad Don Carlos III en octubre de 1769.

Su portada


Si bien es cierto que uno de los principales inconvenientes de la administración colonial fue el poder local que ejercieron las élites criollas, la corona, para frenar este emprendimiento con Carlos III realizó unos cambios en la administración colonial segregando a los criollos de los cargos públicos, de tal forma que la presencia de estos en las Audiencias disminuyó notablemente perdiendo la mayoría los poderes de decisión.
Don Ignacio Nieto y Roa después de haber probado  su linaje basado en su parentesco con Alonso Nieto, nieto del rey don Alonso III, a su muerte es reemplazado por su hermano don Antonio Nieto y Roa, segundo Conde de Alastaya nacido en Moquegua quien también llega a ser Capitán de Regimiento de las Milicias Provinciales en 1771, luego es miembro integrante del Cabildo de Moquegua. Posteriormente Corregidor de la Paz. Su título de conde y el de mayorazgo es ratificado por  medio de una Carta Real de San Ildefonso en 1776 .

La actitud política de don Antonio Nieto y Roa y de la población de aquella época donde predominaba una población de origen española, fue tal que se mostraban reacios a cualquier cambio en el sistema de gobierno de América, es por ello que cuando se da la insurrección de Tupac Amaru, el mismo Conde de Alastaya, don Antonio Nieto dirigió una copiosa expedición para dar seguridad a la Villa de Moquegua. (2)
Posteriormente de acuerdo a la voluntad de don Antonio, nombra a la mayor de sus cuatro hijas, doña María Gregoria  como heredera de los derechos y de su título el 24 de agosto de 1803 convirtiéndose en la tercera Condesa de Alastaya quien fallece a los 88 años, producto de esto se genera una causa judicial nombrándose a doña Manuela Saenz de Tejada Nieto como cuarta Condesa de Alastaya, por ser la única heredera, pues su tía fue doña María Teresa Nieto de la Flor segunda hija de don Antonio Nieto y Roa ( segundo Conde de Alastaya).
Doña Manuela Saenz de Tejada Nieto, cuarta Condesa de Alastaya residió en Bolivia, en 1849 hereda los privilegios a su único hijo don José Nicolás Ruiz de Soriano Saenz de Tejada ( quinto Conde de Alastaya) casado con doña Manuela Hurtado de Mendoza y Mendoza de la Mota nacida en Moquegua, ambos tuvieron seis hijos, la segunda fue doña Manuela casada en Moquegua con don Mariano Samuel Barrice y así asume el título de sexta Condesa de Alastaya, a su muerte y sin dejar herederos  su hermana doña Josepha Ruiz de Mendoza Sorzano en 1905 se convierte en la séptima Condesa de Alastaya, doña Josepha tuvo dos hijos, cayendo los privilegios del octavo Conde de Alastaya en José Luis Tejada Soriano siendo éste además senador y presidente de la República de Bolivia en 1934. Don José Luis se casó con doña Elvira Flores y Artieda, descendiente de una ilustre familia moqueguana. Fallece en 1938.
El 19 de septiembre de 1995 el Ministerio de Justicia e Interior de España por orden de su Majestad el Rey, expide previo pago del impuesto la Real Carta de Sucesión a favor de don Alejandro Irigoyen el título de Conde de Alastaya. Hoy sabemos que existen varios descendientes del primer Conde de Alastaya, don Ignacio Nieto y Roa, ellos son: Carlos de Abreu y Zeballos y Rafael Loredo de Abreu.

Diseño de su portada


Las posesiones que tuvo esta familia se remonta a ciertos solares en León y en la Villa de Castromocho en España alrededor del siglo XV. En Moquegua fueron varias sus propiedades como los viñedos de la Rinconada, Condesa, Cupina, Calaluna y el Conde; en el valle de Ilo algunos huertos de olivo. Esta ilustre familia tuvo varios inmuebles en la ciudad de Moquegua, en el testamento de Antonio Nieto y Roa II Conde declaró... " que durante el matrimonio hemos adquirido doce tiendas que hemos fabricado en dos casas que compramos están  en la calle que llaman del medio..." (3) . En este caso nombramos al inmueble muy conocido como la Casa del Conde de Alastaya que hoy pertenece a don Felipe Yánez Pinazo, ubicada en la Calle Moquegua ( Del medio) con Libertad, que fue declarada como Patrimonio Cultural de la nación con la R.S. NRo. 2900 - 1972 - ED.
La casa del Conde de Alastaya cuyo frontis principal está en la calle Moquegua Nro. 414, y tiene un área de 336.00 metros cuadrados.
El inmueble de planta rectangular y con techos de mojinete triangular lo hace muy tradicional. En el entablamiento de su portada lleva la fecha de construcción: 1750 y su  heráldica nos dice... "El León que presenta en uno de los escudos es el símbolo  de los héroes, señal de valor y majestad de espíritu, ánimo de guerrero y soberano, las flores de Lis son divisa desde el Rey Clodoaldo sacro" (4). Aparte del León que se presenta en el escudo, se encuentran  los sellos reales, en ellos el rey mandaba que el Conde de Alastaya adorne  su escudo con los trofeos de guerra que goza don Ignacio Nieto y Roa, Primer Conde de Alastaya. Fue también autorizado a llevar su blasón en las puertas de su casa, en su carroza, muebles y plata labrada. Asimismo, en una corona de oro embutido, pedrería morada y nueve perlas gruesas, en sortijas y medallones cuando asistiera a ceremonias y torneos" (5)
Diseño de una de sus columnas


La fachada principal presenta una portada de piedras talladas que forman un arco adintelado.
Las dos pilastras que posee esta portada, tienen bases de piedra labrada, con fustes rectos de forma ortogonal de forma continua, unidas con mortero de cal proyectado al final por un capitel muy simple. Encima de estas se ve un entablamiento partido muy bien labrado, a los extremos vemos dos capiteles proyectados al mismo eje de sus fustes. Rematando este conjunto una moldura labrada.

Este inmueble es típico de la arquitectura doméstica cuyos motivos ornamentales refieren un estilo arquitectónico barroco mestizo, expresión artística que según Ilmar Luks planteó un dualismo entre los motivos ornamentales hispanos  y los incorporados como la flora y fauna local, que los talladores sur peruanos presentaron y lograron definir en sus portadas su propia forma decorativa, se puede pensar que existió cierta dependencia de las corrientes cuzqueñas o arequipeñas por el estilo del recuadro rectangular de las jambas, el modo de tallar las piedras y de aplicar la decoración de cuadrifolias y del follaje en las portadas arequipeñas, a diferencia del  techo  a dos aguas refleja una tipología muy especial en el Perú. La característica de tener un patio central pequeño con vegetación  y probablemente un balcón maderero al exterior la hacen muy especial, además, el tratamiento de su portada y su zaguán y la piedra de cal y canto nos dan a conocer una diversidad de estilos entremezclados  que las hacen únicas.
Hoy en día debemos indicar que su fachada ha sido restaurada por la Municipalidad Provincial de Mariscal Nieto quien está siendo partícipe de preservar nuestro patrimonio.






 


 



 
 
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